miércoles, 9 de julio de 2014

9 DE JULIO: DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA


Entre 1810 y 1816 teníamos gobierno propio y estábamos decididamente en guerra con España; sin embargo la declaración de la independencia no llegaba. 

Después del 25 de mayo de 1819, comenzaron las discusiones sobre cuándo y cómo se declararía nuestra independencia. Dentro de la Primera Junta había diferencias profundas. Moreno y sus seguidores querían encaminarse rápido hacia una franca declaración de independencia, para agregarle cambioas sociales y económicos a la revolución política. El sector saavedrista proponía ir despacio, sin modificar el orden social y económico heredado de la colonia. 

Estos diferentes puntos de vista, que expresaban distintos intereses, llevaron a enfrentamientos y a diversos cambios de gobierno. Entre 1810 y 1813, el poder se fue concentrando en pocas manos y se privilegiaron los intereses de los ganadores porteños y de los comerciantes ingleses afincados en Buenos Aires. 

Las ilusiones de independencia que había nacido en 1813, con el himno, los símbolos patrios y la moneda, fueron rápidamente frustradas por la política que llevó adelante el primer presidente de la Asamblea del Año XIII, Carlos María de Alvear. Alvear promovió y consiguió no sólo que fueran rechazados de aquella reunión los diputados enviados por Artigas, sino también que se postergara la declaración de independencia. En esto tenían mucho que ver los intereses de los ingleses que, aliados con España en contra de Napoleón, de repente se oponían a la revolución en la América española. El temor a enemistarse con la gran potencia británica, principal compradora de losproductos locales y casi única proveedora de las manufacturas que consumían los porteños, marcó la política de esos años. 

La Asamblea del Año XIII, dominada por Alvear, creó un poder ejecutivo unipersonal: el Directorio. Gervasio Posadas, tío de Alvear, fue el primer Director Supremo del Río de la Plata. Nombró jefe del Ejército del Norte a su sobrino; esto despertó gran descontecto entre los ciudadanos y Posadas tuvo que renunciar, pero en su lugar fue nombrado Alvear. El nombramiento fue visto como una provocación y acrecentó la impopularidad del nuevo Director. En todos lados hubo protestas y hasta San Martín, indignado, decidió renunciar a su cargo de Gobernador de Cuyo para manifestar su disgusto. La oposición de Alvear tuvo su pico más alto cuando las tropas que él mismo había enviado para compatir a Artigas se sublevaron, al mando de Ignacio Álvarez Thomas, el 3 de abril de 1815, en Fontezuelas. Esto provocó la caída del Director y el nombramiento de uno nuevo: José Rondeau que, por encontrarse ausente, fue reemplazado interinamente por Álvarez Thomas. La caída de Alvear arrastró a la Asamblea, manejada por partidarios de él. Pero la necesidad de organizar el país y declarar la independencia seguía pendiente. Entonces Álvarez Thomas convocó a un congreso en la ciudad de Tucumán. Ni la Banda Oriental ni el Litoral, que apoyaban a Artigas, iban a enviar sus diputados. No veían motivo de seguir sometidos a la voluntad de Buenos Aires, como cuando existía el Virreinato. 

El martes 9 de julio de 1816 no llovía como en aquel 25 de mayo de hacía seis años. El día estaba muy soleado y a eso de las dos de la tarde los diputados empezaron a sesionar en el Congreso General Constituyente reunido en la ciudad de Tucumán . A pedido del diputado por Jujuy, Sánchez de Bustamente, se trató el "proyecto de deliberación sobre la libertad e independencia del país". Y la verdad es que no hubo discusión. Todos estuvieron de acuerdo en declarar la independencia. Pero las luchas continuaron y debieron transcurrir más de ocho años -hasta el triunfo patriota en la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824- para que la independencia de América del Sur quedara sellada para siempre. 

Sin embargo, los festejos por la emancipación comenzaron al día siguiente de declararse la independencia. 

En la plaza esperaba la gente. Era miércoles pero parecía un domingo. Unos con ponchos y botas, otros con galeras y chaquetas, escuchaban a los cantores que interpretaban cielitos y zambas que tenían como tema principal la Independencia, aunque siempre mezclaban en su repertorio canciones "de amor", que tanto le gustaban a las chicas. 

Después de la misa los congresales tenían que seguir trabajando. Quedaban varios asuntos por resolver. Se hicieron tiempo para mezclarse con la gente y compartir unos ricos pastelitos y volvieron a sus tareas. Pero tuvieron que seguir sesionando en la casa del gobernador Aráoz, porque el salón congresal, el de la famosa "casita", estaba siendo preparado y adornado para el baile de la noche. 

En una breve sesión nombraron a Pueyrredón Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y designaron a Belgrano General en Jefe del Ejército del Alto Perú, en reemplazo de Rondeau, muy desprestigiado tras la derrota de Sipe-Sipe. 

El Director Supremo partió esa misma tarde para Córdoba, donde lo esperaba el general San Martín para tratar un tema secreto. Después se supo el contenido de las conversaciones que duraron dos días: el cruce de los Andes, la Independencia de Chile y el Perú. San Martín lo había preparado durante años, teniendo muy en cuenta un manuscrito de 47 páginas que había sido elaborado por el general inglésThomas Maitland en 1800 que aconsejaba tomar Lima a través de Chile por vía marítima. 

La ciudad de Tucumán estaba llena de flores, guirnaldas y banderas. Por la noche se armaron varias peñas y bailes de festejo. Se había esperado mucho para declarar la Independencia y la gente quería expresar su alegría. 

En la casa histórica el baile se armó en el salón principal. Allí estaba la orquesta y algunos paisanos guitarreros. Porque se bailaba el minué, pero también la zamba. Entre los que mejor bailaban, se destacaba el general Belgrano, que no se despegó en toda la noche de la muy bonita Dolores Helguera, la fututa madre de su hija. 

El gobernador Aráoz pensó que ese baile había sido para unos pocos y que no estaba nada mal armar uno bien grande para todo el pueblo de la ciudad. La fecha fijada fue el 25 de julio. Primero hubo un desfile militar y varios discursos, entre los que se destacó el de Belgrano, que conmovió mucho a la concurrencia. Allí el general exaltó los valores de la libertad, rindió homenaje a los caídos en la lucha por la independencia y presentó en público su idea de un gran imperio del Sur, gobernado por un descendiente de los incas. 

Luego, lentamente se fue armando el baile.