jueves, 9 de abril de 2015

LOS DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN ESPECIAL



Entrevista a Néstor Carasa, Secretario de Educación Especial del SUTEBA.

La inclusión educativa es un derecho de todas las personas, tengan o no alguna discapacidad. Todos los sujetos en situación de discapacidad están contemplados, y pueden ejercer su derecho a la educación en el sistema educativo, en las escuelas comunes y en las Escuelas Especiales, desde las dos estrategias de intervención que hoy tiene la educación especial en general y las escuelas especiales en particular. Una es la integración escolar, una estrategia donde el alumno transcurre su proceso de aprendizaje en una escuela común, y desde allí la Escuela Especial acompaña al sujeto a través de la maestra integradora y su equipo; la otra vertiente es desde la atención en las sedes de Escuelas Especiales en casos donde los niños/as adolescentes no están en condiciones, por situaciones muchas veces complejas, de transitar su escolaridad en una escuela común.

Estamos en estos tiempos de debates. Son dos temas los que venimos impulsando como organización gremial en la discusión con nuestros compañeros y con otras organizaciones. Por un lado, el tema de las categorías diagnósticas, las que hacen a las definiciones y las situaciones de discapacidad de los sujetos. Muchas veces, en nombre de avances científicos o de propuestas de formación, se esconden negocios o intereses particulares para sostener determinadas estrategias donde aparece alguien que tiene la llave del conocimiento, de la formación y del tratamiento, siendo esto asumido por alguna determinada organización. Al respecto, y para no parcializar el análisis de la cuestión, también hay que decir que lamentablemente el Estado, el sistema educativo, no han aportado todavía elementos suficientes e importantes en la Formación Docente, recién en estos tiempos -con el PNFP- empiezan a haber algunas propuestas de formación en servicio y de actualizaciones para los compañeros que están trabajando en las escuelas. Durante años, la actualización quedó librada a las propias decisiones personales o a las decisiones institucionales que algunas escuelas tomaban en función de generar estrategias y a las acciones de las organizaciones gremiales a través de diferentes espacios de actualización; pero no hubo hasta ahora una acción sistemática desde la DGCyE, y esto no sólo sucede en Buenos Aires sino a nivel nacional.

Nosotros sostenemos que las categorizaciones y las clasificaciones pueden producir, en muchos casos, la estigmatización del sujeto. Cuando esto no es acompañado de un análisis crítico, reflexivo y particularizado, el sujeto queda atrapado en su categoría diagnóstica y condenado a cumplir con lo que la categoría dice y pronostica. Esta es y ha sido, históricamente, una dificultad, no sólo de la Educación Especial sino de la educación en general. No se trata de estar en contra de los diagnósticos porque no sirven, personalmente creo que sí. El asunto es qué lugar se le da al diagnóstico, cuál es el valor, la temporalidad, la relación con el contexto y qué se hace con él. Los maestros nunca podríamos poner un diagnóstico médico por encima de un diagnóstico pedagógico. El diagnóstico pedagógico es lo que los docentes podemos hacer, permite mejorar nuestro trabajo y tomar decisiones pedagógicas. Lógicamente, cuando hay un diagnóstico médico que aporta para esta mirada y esta definición, es necesario tomarlo. La pregunta sería, ¿cuál es el lugar que tiene el diagnóstico médico en la toma de decisiones pedagógicas? Se plantea como un problema que es necesario mirar y analizar; esto, en alguna medida, tiene que ver con la formación histórica de los docentes de Educación Especial y hoy está siendo puesto en discusión.

Otra gran discusión, a la que no rehuimos, está vinculada con la inclusión e integración de los estudiantes con discapacidad. Son dos conceptos que no significan lo mismo, que hoy siguen siendo confundidos, algunas veces ingenuamente y otras a partir de intereses particulares. Ambos conceptos expresan dimensiones diferentes y están en relación. Sostenemos que la inclusión es un derecho de todos a recibir una educación, no es sólo un derecho de las personas con discapacidad, es de todos. La integración es la estrategia pedagógica que permite sostener la inclusión de chicos con discapacidad en una escuela común. Esta discusión es la que damos con nuestros compañeros y también la damos por fuera de la docencia, porque hay organizaciones que están piensan que la inclusión sólo se puede dar en la escuela común. Y que, por lo tanto, una Escuela Especial es lo contrario a la inclusión, siendo una institución segregada. Este es otro foco de discusión, si la educación o la Escuela Especial genera segregación. Es necesario hacer un poco de historia, ver cómo y porqué nació la Escuela Especial, cuál era el contexto y qué representaba en aquel momento. No es sencillo analizar el problema presente si no se tiene en cuenta el recorrido, de dónde se viene.


Nosotros estamos a favor de la inclusión y la entendemos como un derecho, que no está subordinado o por debajo del derecho de los Trabajadores de la Educación. No tenemos una actitud corporativa de defensa de la Escuela Especial, todo lo contrario. Es más, aprendimos a hacer integración en las peores condiciones, en Buenos Aires la integración escolar, como experiencia institucionalizada, comienza entre fines de los "80 y comienzos de los "90, siendo su desarrollo en condiciones adversas. En ese momento no nos paramos en contra de la integración, dimos la discusión con nuestros propios compañeros que tenían temor a que la integración terminara produciendo el cierre de las escuelas especiales. Dijimos que la integración es un derecho y es una estrategia. Como estrategia, no es automáticamente generalizable, no se resuelve por decreto o por ley y para sostenerla se requieren de determinadas condiciones materiales. Y que se resuelve desde la práctica, por ejercicio, por persistencia y por análisis crítico, estas son las diferencias que tenemos con algunas organizaciones que plantean que se puede imponer la inclusión porque lo prescribe en una ley. ¡Ojala fuera tan fácil transformar la realidad!


Otra discusión que tenemos es cuando hablan de escuelas inclusivas y las asocian a escuelas comunes. Desde esa mirada, las escuelas especiales son excluyentes o segregadoras. Nosotros decimos que la inclusión o la segregación existe en las instituciones y que existen tanto en las escuelas comunes como en las Escuelas Especiales, no pensamos que unas son mejores que otras. Esto es un problema complejo, hay escuelas comunes que son inclusivas y otras que no lo son, y no tiene que ver con que llevan el nombre de escuela común o que forman parte del sistema que se conoce como educación común. Sabemos que la prácticas de segregación y de exclusión, también pueden estar dentro de las escuelas especiales; pero hay que reconocer que muchos pibes con discapacidad no hubiesen tenido ningún lugar y no hubiesen aprendido nada sino hubiese estado la Escuela Especial.


Esto no significa que todos los pibes con discapacidad tengan que estar dentro o que el mejor lugar para ellos sea una Escuela Especial. En lo que sí hay que pensar es que cada pibe con discapacidad tiene derecho a su educación y que la definición de cuál es el mejor lugar para desarrollar su educación es una definición en relación a las necesidades, características, condiciones y posibilidades de cada sujeto. No hay que pensar a la discapacidad como limitación, como históricamente fue pensada, como lo que el sujeto no puede. Hay que pensarla desde lo que puede, pero sin negar que lo que opera en ese momento de la vida del sujeto es una situación de discapacidad; no llevarlo al punto mágico donde el sujeto puede todo, la verdad es que nadie puede todo, ni siquiera aquellos que no están en situación de discapacidad.


Estas son las discusiones por las cuales transitamos, al mismo tiempo que sostenemos la pelea por el mejoramiento de las condiciones de trabajo. Todavía falta una mayor cantidad de cargos para mejorar la atención de los pibes. En nuestra provincia siguen habiendo muchos lugares en donde hay maestras integradoras que tienen 10 o más alumnos. Esto, en la práctica, significa que el proyecto de atención pedagógica para ese alumno no se puede desarrollar correctamente, porque no se está el tiempo suficiente que ese sujeto necesita, sumado a la complejidad y la dificultad de que todos los alumnos con discapacidad no necesitan lo mismo, porque sino esto sería negar las diferencias.

La Educación Especial merece seguir profundizando sus líneas de trabajo en el marco del Derecho Social a la Educación, de un Estado garante en el marco de la Ley de Educación Nacional y Provincial.